
http://www.elpais.com/articulo/madrid/Noticia/bomba/elpepiespmad/20100906elpmad_13/Tes
El periodismo es una profesión de riesgo. El mayor de ellos es el de morirse de hambre. Suele el común general idealizar al periodista como una especie de Superman quijotesco de las libertades, siempre dispuesto a desfacer entuertos, defender al menesteroso frente al potentado, y sacar brillo a la verdad con las teclas de su portátil. Y desconoce que la principal preocupación del periodista moderno es llegar a fin de mes.La principal preocupación del periodista moderno es llegar a fin de mes
Dice Enric González, el mejor columnista de la prensa patria, que la creciente precariedad del periodista no es ni más ni menos grave que la de cualquier otro oficio, dígase albañil o corredor de seguros, con la diferencia que solo el informador tiene al alcance papel de prensa u ondas hercianas para contarlo.
La justificación del periodismo es ser un contrapoder frente a los que tienen realmente el poder. Pero ¿cómo hacerlo estando en la base de la jerarquía social y laboral, despreciado cuando no vapuleado por la opinión pública por la que se quiere velar?
Antes el periodista era celoso de su primicia, su razón de ser. Tal era la ansiedad por alcanzarla que cuando no existía, se la inventaba. El británico Evelyn Waugh escribió en 1938 ¡Noticia bomba!, una deliciosa novela en la que un grupo de periodistas, tan borrachines como escépticos, son enviados a cubrir un conflicto en un país africano y, como allí no pasa nada, se dedican a inventarse noticias sobre una presunta revolución, rivalizando en disparates para ganarse el favor de lectores y editores.
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